
ENDECHAS I.
Aconsejando a una joven hermosura no entre en la carrera del amor
Detente hermosa Tirsi,
¿dónde va tu albedrío?
mira que vas perdida
siguiendo un precipicio.
No prosigas, aguarda,
detén el paso, el brío,
porque es despeñadero
el que juzgas camino.
No te engañe el terreno
porque le ves florido,
que en esas mismas flores
está el mayor peligro.
Vuelve, vuelve la espalda
al reclamo fingido,
no te suceda incauta
lo que al fiel pajarillo;
Que engañado en los ecos
del gorjeo mentido,
pensando que al consorte
se entrega a su enemigo.
Detente hermosa Tirsi,
¿dónde va tu albedrío?
mira que vas perdida
siguiendo un precipicio.
Huye el Mar proceloso
donde todo es conflicto,
tormentas y borrascas,
naufragios, peñas riscos;
en donde se navega
sin fe, sin norte fijo,
sin socorros humanos,
sin auxilios divinos:
y en donde siendo todo
contingencia y peligro,
desconocidas Playas,
escollos y bajíos:
en tan urgentes riesgos
es el Piloto un niño,
el rumbo la inconstancia,
y el Bajel es de vidrio.
Detente hermosa Tirsi,
¿dónde va tu albedrío?
mira que vas perdida
siguiendo un precipicio.
No malogres las gracias
de tus años florecidos,
dando a tus perfecciones
empleos poco dignos.
A empresas más heroicas
eleva tus sentidos,
y no abatida anheles
gozos tan fugitivos,
que aquel que más te haya
por su afecto expresivo,
merecedor de tanta
ventura parecido,
será quizá de todos
los que a tus pies invictos,
solicitan tu gracia
el menos de ella digno.
Detente hermosa Tirsi,
¿dónde va tu albedrío?
mira que vas perdida
siguiendo un precipicio.